El auge de las ciencias naturales en el siglo XIX y sobre todo, la irrupción de la
teoría de la evolución de Darwin, trajeron consigo, entre otras cosas, un mayor
interés de la reflexión filosófica por integrar e interpretarlos datos biológicos en
sus discursos sobre la «naturaleza humana». Aunque durante mucho tiempo se
siguió manteniendo una separación epistemológica entre las ciencias empíricas
y las ciencias sociales, el prestigio del método científico y las ideas positivistas
estimularon líneas de reflexión materialistas y naturalistas, cuyo objetivo era ex-
plicar e interpretar lo humano a partir de los meros «datos científicos», supuesta-
mente sin carga metafísica. A su vez, la imagen del hombre derivada de estas
antropologías conllevaba un programa más o menos implícito de «normatividad»
y de prescripciones sobre cómo organizar la sociedad, una vez desentrañados
los fundamentos «reales» de lo humano.
12Jun
Biología, cultura y ética
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