El (lento) final de ETA

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El País, 19 de octubre de 2021.

 

Diez años después, es justo reconocer que fue el impulso político de Zapatero, Eguiguren, Rubalcaba y Otegi lo que llevó a término la agonía de la banda terrorista, en contra de una amplia oposición al proceso de diálogo.

 

En 1973, hubo una posibilidad real de acabar con la violencia terrorista en Irlanda del Norte. Se firmó el Acuerdo de Sunningdale, pero fracasó al cabo de unos meses. Dicho acuerdo prefiguraba las características principales de lo que contendría el Acuerdo de Paz de Belfast de 1998 que acabó con la larga etapa de conflicto armado (en lo esencial, se trataba de fórmulas para compartir el poder entre las comunidades religiosas enfrentadas). 25 años y más de 1.200 asesinatos después, el IRA Provisional aceptó algo muy parecido a lo que ya se le había ofrecido en 1973. Seamus Mallon, un destacado miembro del Partido Socialdemócrata y Laborista de Irlanda del Norte, que había participado en las negociaciones de los años anteriores, declaró con sorna que el Acuerdo de Belfast de 1998 era “Sunningdale para alumnos lentos (slow learners)”.

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