| Kepa Aulestia
De la incapacidad virtud
(El Correo, 10 de octubre de 2004)
La certeza de encontrarnos mucho más cerca del final de ETA que tan sólo hace una semana ha suscitado cierta impaciencia en la sociedad. La falsa disyuntiva entre soluciones policiales y soluciones políticas se ha desvanecido y únicamente Arnaldo Otegi trata de resucitarla sin éxito. Puesto que ni el recordatorio de las veces en las que se ha anunciado infructuosamente la liquidación de ETA sirve para eludir la evidencia: el carácter irreversible de su declive. Es inimaginable que en los próximos meses o años el terrorismo vasco pueda toparse con factores que le permitan recuperarse. Tanto desde el punto de vista de los posibles escenarios políticos como en lo que respecta al reclutamiento, encuadre y actividad de sus comandos.
Sin embargo, hay un detalle que no convendría olvidar. La acción policial y judicial está empujando a ETA hacia su final y, lo que es casi más importante, está contribuyendo a que, mientras tanto, su capacidad de destrucción y muerte se reduzca al mínimo. Pero es improbable que esa acción, por sí misma, acabe con la trama terrorista al cien por cien. Más bien se trata de que obligue a ETA a decretar su propia liquidación.
Es en este punto donde aflora toda la complejidad del problema. Porque, aunque no pueda evitar ya su derrota, la dificultad de ETA para proceder a la autodisolución -junto con la incapacidad de la izquierda abertzale para tomar las riendas de su propio destino liberándose del dictado etarra- puede prolongar su existencia durante un período especialmente crucial en el que está en discusión nada menos que nuestro marco de convivencia.
La técnica del trilero con la que Otegi es capaz de ocultar y desplazar el objeto en cuestión ante la mirada de los incautos que entran a su juego ha servido hasta ahora para acallar y posponer lo que se ha dado en llamar «el debate pendiente» en el seno de la izquierda abertzale. «Ese no es el problema y por lo tanto esa no es la solución», viene objetando la izquierda abertzale, tratando en vano de achicar el agua que anega sus bodegas mientras el tiempo se le echa encima. Pero, atrapada en la pinza que forman el implacable pacto anti-terrorista por un lado y los esfuerzos del nacionalismo gobernante para lograr la mayoría absoluta por el otro, todos sus plazos están a punto de vencer con la convocatoria de las próximas autonómicas.
Los continuos golpes que van recibiendo tanto la trama terrorista como su variante política no han conseguido noquear a la izquierda abertzale, pero han provocado en ella un estado general de aturdimiento a la espera de que suene la campana. En estos momentos, tanto ETA como la izquierda abertzale tratan de hacer de su incapacidad virtud, convirtiendo el miedo a adoptar decisiones distintas a su inercia en una absurda pose de firmeza y confianza en sus convicciones. Pero semejante actitud precipita a la izquierda abertzale hacia el vacío, y además a corto plazo. Y esta vez hacia un vacío al que, intente lo que intente y aunque logre proseguir con los atentados, no podrá arrastrar al conjunto de la sociedad vasca.
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