La desigualdad en la salud

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Octubre de 2019.

 

España es el país más saludable del mundo según la edición 2019 del Índice Bloomberg Healthiest Country1. ¿Es eso cierto? O, mejor preguntado, ¿es cierto para toda la población española? En particular, ¿es cierto para las mujeres, para las personas en desempleo, para las que viven en hábitats rurales, para las de clase social baja? ¿Es cierto para las personas pobres?

Que “la pobreza marca biológicamente durante toda la vida, del útero a la tumba”2, no es sólo una frase afortunada. Diversos estudios3 epidemiológicos, de economía de la salud o de ciencias sociales, muestran que las diferencias socioeconómicas se encuentran estrechamente correlacionadas con los niveles de salud. Estas desigualdades afectan especialmente a los grupos de población más pobres y evidencian la necesidad de abordar la pobreza como un factor transversal en las políticas de salud pública. Además, se reconoce que “los factores sociales actúan sobre los procesos biológicos en etapas muy tempranas de la vida y pueden, por ello, dejar una impronta permanente en la salud, por la vía de la dotación biológica (altura, peso, función pulmonar, etc.) o de la generación de lesiones fisiopatológicas permanentes” (Rico, 2002).

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