Las tres claves del éxito chino (y qué significan para España y Europa)

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(El Confidencial, 17 de mayo de 2019).

 

Las diversas elecciones de la semana próxima están siendo encaradas como una segunda vuelta de las generales y serán interpretadas en esos términos. Las preguntas más habituales giran alrededor de si el PP resistirá a Cs, de cómo acabará la pugna entre Errejón/Carmena y Podemos, si se confirma la caída de Vox, de qué ocurrirá con los independentistas catalanes, de si ha llegado definitivamente el ‘momento PSOE’ o si será frenado. Más allá de los puestos que están en juego, es decir, de la subsistencia material de muchos políticos durante los próximos cuatro años, y del poder territorial que se consiga, la lectura principal va a ser la de cómo se recompone el mapa de poder en España, qué opciones quedarán a los partidos y qué consecuencias internas tendrá toda esta agitación.

Las elecciones europeas son la parte menor de ese juego, una suerte de encuesta para saber cómo quedarían las cosas si en España el sistema electoral fuera el de una persona, un voto, además de un destino para los dirigentes a los que van retirando de la política nacional. Esa predisposición negativa lleva a pensar justificadamente que Europa importa poco a los partidos nacionales, lo cual es lógico dado ese ‘Gobierno del vacío’, por citar la expresión de Peter Mair, que es ‘de facto’ Bruselas.

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