Simone Pieranni: ’Red mirror’: ¿Qué futuro se escribe en China?

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NUSO/CTXT, 23 de enero de 2021.

 

Así cambió el gigante asiático su modelo productivo gracias a su
paciente inversión en capital intelectual y científico.

 

En 1938, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos gastaba en
conjunto alrededor de 0,075% de su PIB en investigación científica, una cantidad
mínima. En 1944, el gobierno federal y los estados incrementaron ese porcentaje a casi
0,5%, una inversión siete veces mayor que se utilizó para desarrollar los sistemas de
radar, la penicilina y la bomba atómica. En las dos décadas siguientes, los fondos
federales para investigación y desarrollo se multiplicaron por 20 y se creó así la base
pública de futuras innovaciones privadas en las áreas de los productos farmacéuticos
modernos, de la microelectrónica, de los satélites, de internet y mucho más. Sin
embargo, a principios del decenio de 1980, se inició un lento descenso: el gasto público
en investigación y desarrollo pasó al 1,2% del PIB; en 2017 se había reducido a 0,6%.
Hoy en día, si utilizamos como base el porcentaje del PIB dedicado a la investigación,
nueve países superan a EE.UU.

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