Viviremos peor que nuestros padres

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mientras tanto, 30 de agosto de 2021.

 

1. Recopilatorio y justificación

 

Desde la crisis de 2008, tengo la costumbre de presentar mis notas económicas como parte de un cuaderno bianual. Mera costumbre. Al principio, darles nombre era sencillo, pues apuntaba a las diferentes fases de la crisis. Hace dos años, los principales analistas económicos daban la crisis por superada. Pero había mucha incertidumbre en el ambiente, debido a la proliferación de puntos de tensión que podían provocar una nueva sacudida. Por prudencia no aposté por ninguno de ellos, sino que decidí nombrar a mi cuaderno ‘de augurios’, indicando que estábamos ante un campo minado de malos presagios, sin un punto de acuerdo sobre los más probables. Ello se debe a que una cosa es detectar una falla sistémica y otra saber cuándo ésta se activará (lo explicó muy bien el economista norteamericano Lester Thurow en su obra Corrientes peligrosas, de 1983). Y, al final, la nueva crisis la detonó una causa imprevista, pero no improbable: la pandemia del coronavirus.

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