Nueva Tribuna, 25 de enero de 2026.
En la historia, las batallas decisivas no siempre se libran en los mercados o en los campos de guerra, sino en el campo del sentido. Y es allí, precisamente, donde el poder norteamericano comienza a mostrar sus grietas.
A lo largo de la historia, ningún imperio -entendido cómo un núcleo dominante de poder que se expande territorialmente-, se ha sostenido sólo por la fuerza. Requiere el poder del relato, aquella construcción discursiva capaz de dotar de sentido, normalidad y justificación al ejercicio del poder.