El País, 5 de agosto de 2026.
La crisis se convierte en un teatro de falsedades, tergiversaciones y oportunismos que, en distinto grado, implica a muchos de los protagonistas.
La crisis de Ceuta es una feria de hipocresías. Con distinta intensidad y gravedad, casi todos los actores involucrados recurren a falsedades o tergiversaciones. La política no es nunca un jardín de verdades impolutas, pero este es especialmente embarrado.
El primer responsable es obviamente Marruecos, que por acción u omisión ha desatado una gravísima crisis con decenas de muertos inocentes que deberían pesar mucho sobre su conciencia. En línea con la opacidad habitual de un régimen autoritario, ha emitido comunicaciones parciales e incongruentes con la realidad de los hechos. El epítome de la hipocresía reside en la frase según la cual Marruecos garantiza que “seguirá siendo un socio fiable y responsable”. El escritor Tahar Ben Jelloun, en el medio marroquí Le360, se atrevió a apuntar en la dirección precisa: “El jueves, de regreso de la Fiesta del Trono, vi a estos aspirantes al exilio caminar con determinación. La policía marroquí no intervenía”.