Burbujas que no cesan

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ctxt.es, 18 abril 2018

Era mediados de 2015 cuando empecé a darle vueltas a este asunto. El principal desencadenante fue un artículo de Larry Summers, al que me he referido en repetidas ocasiones, que transcribía una conferencia en el FMI de noviembre de 2013. Allí dejaba caer la pregunta sorpresa, desdoblada así: ¿y si la economía estadounidense y por extensión la occidental no es capaz de crecer y crear empleo?, ¿y si sólo puede hacerlo a fuerza de crear burbujas con los consiguientes riesgos?

Entre octubre de 2015 y febrero de 2018 he ido desgranando una secuencia de artículos más o menos directamente relacionados con este asunto. Vuelvo a ello porque la situación, lejos de corregirse, empeora cada año. En apariencia el fenómeno de las burbujas entra en fases de reflujo, pero la verdad es que todos los síntomas negativos siguen presentes aunque no sean objeto de atención preferente por los medios. En cualquier caso, los antecedentes recientes más significativos pueden resumirse en pocas y rotundas características como las siguientes, con referencias explícitas a prácticas extendidas en empresas concretas hoy activas:

A. Lanzamiento de la mayoría de los negocios a partir de ‘un diseño novedoso’ que tiene difícilmente continuidad en una oferta más tarde variada y de similar capacidad de penetración en el mercado. Asimismo, la aparición de competidores para ese primer producto reduce el hueco que inicialmente ha ocupado. Esto implica comenzar las operaciones desde una posición fuerte que se va debilitando con cierta rapidez pese a los esfuerzos de los promotores.

Apple está experimentando esta evolución con su iphone: no atina a desarrollar productos que prolonguen el éxito del primero y se enfrenta con la competencia creciente de otras empresas, en particular las chinas, capaces de reproducir las mismas ofertas en calidad competitiva y a precios más bajos.

Spotify es un ejemplo paradigmático: genera grandes ingresos vendiendo a sus usuarios el derecho de disfrute de música grabada, que pertenece a las tres mayores discográficas. Consecuencias: primera, que debe pagar a esas compañías lo que éstas decidan y ello genera pérdidas a Spotify que no logra revertir; segunda, que su éxito de ventas lo es también de las discográficas, que en cualquier momento pueden tomar la decisión de rentabilizar por sí mismas los productos que poseen. Así se produce la paradoja que no es tal: en 2016 Spotify facturó 2.930 millones de dólares, de los que 2.490 acabaron en las tesorerías de las discográficas, con el resultado de unas pérdidas cercanas a los 350 millones de dólares antes de impuestos. Estas pérdidas han aumentado un 170% en 2017.

B. Incertidumbres reiteradas en materia de generación de ingresos para las actividades de la ‘nueva economía’, sea porque provienen de fuentes colaterales (por ejemplo, ventas de productos que no constituyen el ‘core business’ del negocio) o porque las previsiones de mercado se revelan excesivamente optimistas.

De Facebook, actualmente en la primera plana de los medios, se lee que “Los usuarios pensaron que el único objetivo de la red social era conectar a las personas y construir una comunidad real. Ahora son conscientes del negocio de estas plataformas: el uso de los datos de sus clientes”. Tal creencia roza la ingenuidad, aunque es verdad que  Zuckerberg dijo a propósito de ello en 2009: “Claro que no venderemos la vida privada de la gente”.

Tesla, la compañía de coches eléctricos, está sufriendo las adversidades que son previsibles en desarrollos tan pioneros, pero su problema mayor es cada vez más el de la imposibilidad de colocar productos al ritmo necesario para responder a sus necesidades de caja.

C. Dificultades persistentes y ocasionalmente crecientes para generar beneficios. Esto tiene todo que ver con lo anterior, aunque en parte se debe también a las exigencias financieras de la puesta en marcha de los negocios, que originan resultados negativos durante los primeros ejercicios. A notar que “primeros ejercicios” no es una estimación temporal precisa y el problema se puede prolongar durante varios años.

El retroceso actual de Tesla tiene su origen en los problemas de producción de su Model 3, que han obligado a la compañía a ir rebajando sucesivamente sus previsiones de ventas, cuestión en extremo relevante dado que se trata del primer modelo concebido para su colocación masiva en el mercado, a fin de generar los flujos de caja suficientes para cubrir el elevado consumo de capital de Tesla, propiciado por sus ingentes inversiones en desarrollo.

D. Financiación en el mercado a muy bajo coste, en esta época con un precio del dinero inusitadamente reducido, que ha ido oscilando entre el 0 y el 1% durante años. Cualquier revisión al alza de los tipos de interés puede provocar un descalabro financiero, máxime cuando la mayoría de estas iniciativas trabajan durante años con pérdidas y por tanto necesitan constantemente financiación extra (que a veces procede de ampliaciones de capital, pero éstas no siempre son exitosas).

Moody’s, la agencia de calificación de riesgo, considera que Tesla tendrá que efectuar una gran ampliación de capital a corto plazo para reembolsar las obligaciones que vencen y evitar un déficit de liquidez. Esto implica apelar a la confianza de los inversores en condiciones de especial debilidad, dado que las acciones de la compañía están cayendo en bolsa y han perdido ya un 27% de su valor en el último medio año.

Un informe del FMI conocido en abril de 2018 señala que “La persistencia de unas condiciones financieras laxas provoca que los inversores vayan a la caza de la rentabilidad en activos que van más allá de su tolerancia tradicional hacia inversiones arriesgadas”. Es decir, se invierte en cualquier cosa porque el dinero es barato, lo que se convierte en foco de futuras perturbaciones graves.

E. Proliferación de iniciativas en sectores no regulados, lo que permite a los promotores beneficiarse durante toda una época inicial de la posibilidad de obtener ingresos extraordinarios. De hecho, a partir de un cierto grado de consolidación de un negocio, parte de su capacidad financiera se dedica a promover acciones para retrasar o evitar regulaciones ‘molestas’.

En los últimos tiempos este tipo de situación ha sido objeto de observación periodística y de seguimiento de las autoridades competentes, como se ha podido comprobar con las plataformas de software Uber y Cabify, en el sector de transporte privado urbano de viajeros, y Airbnb, en el alquiler de viviendas y pisos turísticos, sin ir más lejos. No hace falta decir que esto es aplicable a la totalidad o a la gran mayoría de las plataformas digitales, que han irrumpido masivamente en mercados carentes de regulación para estos operadores que pueden ser calificados de ‘informales’,  por contraste con los operadores tradicionales (sector del taxi y compañías hoteleras, por ejemplo), que están sujetos a reglas conocidas y de aplicación general que ordenan sus actividades.

En abril de 2018, una sentencia del Tribunal de Justicia Europeo (Luxemburgo), impone penas de cárcel y grandes multas a Uber, avalando la mano dura de la nueva normativa de Francia promulgada en 2014. La clave reside en distinguir entre “servicio de intermediación” y “servicio de transporte”, de manera que si se acepta la segunda definición se está en un mercado cuyas regulaciones Uber vulnera cuando vende sus servicios.

El caso reciente de Facebook es también sintomático: está aumentando su gasto en lobby en el Congreso de EE.UU. por el escándalo de Cambridge Analytica, que desvela el incumplimiento de la oferta de servicios de la plataforma y muestra que su negocio consiste en vender los datos personales de sus usuarios.

F. Según las condiciones sociopolíticas de cada emplazamiento, es práctica generalizada una combinación de sobreexplotación y precarización de los trabajadores. Las políticas de empleo constituyen así uno de los soportes principales de las operaciones y, sobre todo, de las expectativas de negocio de estas actividades.

Amazon está hoy en candelero, con huelgas que se extienden por varios países: en Alemania, el país más movilizado al respecto, la campaña Make Amazon Pay insta a la solidaridad con los empleados precarios de los centros de distribución germanos; en España, los trabajadores del gran almacén que lidera el abastecimiento a Madrid han ido a la huelga para evitar la congelación salarial, impedir que los puestos sean cubiertos con menores remuneraciones, que las horas extras tengan pagos menores, etc. Es decir, se trata de luchar contra la sobre explotación del trabajo, que es uno de los pilares de la estrategia empresarial de Amazon.

Pero, por otro lado, la propia Amazon y quienes compiten con ella en el mercado del comercio electrónico y la entrega rápida a domicilio, están experimentando de manera creciente el problema habitual en la mayoría de los negocios basados en plataformas de software: el número de operaciones crece y sus ingresos aumentan, pero proporcionalmente menos; es decir, sus márgenes disminuyen, lo que sin duda es una advertencia peligrosa de cara al futuro.

G. En la medida en que aparecen y se repiten resultados positivos en ejercicios sucesivos, o que simplemente durante una primera época estas empresas obtienen cuantiosos ingresos, comienza a aplicarse un creciente monto de recursos a diseños y aplicaciones de ‘ingeniería fiscal’, con efectos que se procura prolongar en el tiempo a través de presiones sobre los propios gobiernos (según sea el domicilio fiscal de cada empresa) y, cada vez más, a través de la utilización masiva de paraísos fiscales o, al menos, a través de tributar en países con legislaciones laxas en materia de impuesto de sociedades.

Esta cuestión va mostrando cada vez más la necesidad de medidas urgentes para acabar con las lagunas en la legislación actual, porque las cifras al respecto son muy elocuentes: mientras las ‘empresas tradicionales’ pagan de media el 23,2% de impuesto de sociedades, las digitales se sitúan por debajo del 10%.

Según un informe del Parlamento Europeo de julio de 2016, el agujero anual provocado por las menores liquidaciones en el impuesto de sociedades se sitúa entre 50.000 y 70.000 millones de euros. Pero lo peor es que cada nuevo informe eleva la cifra a medida que se van afinando los cálculos, sobre todo gracias al descubrimiento de antecedentes de otras procedencias (ha sido el caso de los “papeles de Panamá”), que van elevando las estimaciones y ya las sitúan por encima de los 170.000 millones de euros.

Aquí es donde se pone de manifiesto la creciente importancia de las consultoras especializadas en ‘ingeniería fiscal’, campo en el que dominan abiertamente las conocidas como “Big Four”, es decir, Deloitte, Ernst&Young, KPMG y PwC. De hecho, operan como agentes ‘saboteadores’ de la recaudación fiscal en los países en los que se ubican las sociedades a las que asesoran.

H. Antes o después, las cúpulas directivas de las empresas comienzan a actuar en interés propio más que en interés de las sociedades y sus accionistas. Esto, que ilustra un creciente desapego entre ejecutivos y propietarios del capital, conduce rápidamente a promover decisiones unilaterales en los consejos de administración y, dadas las actuales prácticas más frecuentes en esta materia, a aplicar políticas tendentes a asegurar una revalorización bursátil a corto plazo antes que un fortalecimiento de la empresa a medio y largo plazos.

Así es como se verifica que los administradores de las empresas del Ibex se hayan repartido en 2017 unos 306 millones de euros, un 17,49% más que el año anterior, tras aumentar las compañías sus beneficios un 9,7%. Y también aparecen las pensiones millonarias: 49 consejeros se reparten 444 millones en planes privados.

Es decir, las cúpulas dirigentes se sitúan por encima de los resultados empresariales, y, desde luego, por encima de los otros indicadores socioeconómicos significativos: en 2017, el salario medio subió en España un 0,5% y los precios aumentaron un 1,1%. Muy indicativo de la redistribución totalmente regresiva de los resultados económicos.

Las experiencias que se van conociendo en los últimos tiempos  proporcionan ejemplos muy ilustrativos en casos concretos, mostrando algunos o la mayoría de los comportamientos mencionados.  Un breve recuento de noticias de los primeros tres meses de 2018 permite corroborar que el modelo descrito sigue vigente y muy activo en su reproducción ampliada, abriendo la puerta a consecuencias que pueden ser catastróficas.

Es importante tomar nota: se está hablando de ‘consecuencias catastróficas’ para las propias empresas y también para el conjunto de la economía. Los ‘fundamentos de la previsible catástrofe’ se pueden resumir así, siguiendo el orden de los aspectos ya expuestos:

– Las dificultades para prolongar el éxito inicial sitúan a muchas de estas sociedades ante el riesgo de haber agotado su propia burbuja, que probablemente estallará tras un recorrido más bien breve (‘breve’ si se compara, por ejemplo, un lapso de 25-30 años hasta llegar a su estado comatoso actual, que es el caso de Yahoo!, con la historia centenaria de empresas como las del automóvil, las químicas, las de fabricación de maquinaria, etc.).

– La indefinición de los productos comerciales, es decir, el ‘core business’ de muchas de estas sociedades está poco definido o no tiene relación directa con lo que ofrecen a los consumidores y usuarios, de manera que la rentabilización de su presencia en los mercados es dudosa y/o se materializa a través de operaciones fraudulentas.

– Las dificultades para obtener beneficios son bastante generalizadas entre estas empresas, de manera que su supervivencia depende mucho de las facilidades para obtener financiación, sea vía endeudamiento, sea vía ampliaciones de capital. De cualquier manera, se trata de posiciones muy vulnerables ante cualquier avatar.

– La financiación a bajo coste resuelve el problema a corto plazo, pero es una amenaza constante, y más si se tiene en cuenta que el mantenimiento de tipos de interés cercanos a 0 se hace cada vez más insostenible.

– Muchas de las iniciativas se benefician de algo que podría denominarse ‘efecto sorpresa’, es decir, de las ventajas que obtienen entrando en mercados cuya ausencia de regulación les permite asentarse y empezar a obtener beneficios. Pero está por ver que ello tenga continuidad cuando unas reglas generales terminen por imponerse, de manera que la supervivencia de estas empresas se verá fácilmente comprometida.

– La apuesta por el bajo coste de la mano de obra y la sobreexplotación del trabajo es generalizada y entraña en sí misma un enorme riesgo: si la gran mayoría de los trabajadores de estos sectores nuevos sufren semejantes condiciones, la capacidad de consumo de las familias se resiente y el sistema económico en su conjunto puede ver comprometida su viabilidad.

– La fiscalidad laxa, permisiva, facilita la obtención de beneficios ‘extraordinarios’. Las prácticas de ‘ingeniería fiscal’ se extienden rápidamente y generan dos efectos nocivos, cada uno en su nivel: a escala empresarial, refuerzan la propensión a una gestión que termina por instalarse sobre dos pilares fundamentales, que son el bajo coste de la mano de obra y la evasión fiscal, lo que tendencialmente viene a suponer el paulatino abandono de los esfuerzos de gestión eficiente y desde luego de gestión innovadora; a escala social, esto penaliza la recaudación fiscal y resta recursos a los Estados, cuyas funciones principales se van viendo seriamente comprometidas.

– El divorcio entre cúpulas empresariales y propietarios del capital es cada día más visible. Cabe presumir que esta tendencia contiene un elemento disgregador para el capitalismo, puesto que difícilmente se puede mantener un proceso en el que dirigentes que no tienen capital alguno o solo poseen porcentajes ínfimos impongan indefinidamente sus decisiones a unos accionistas que ven penalizados los dividendos que remuneran su riesgo.

Un buen resumen de la situación descrita se contiene en este titular de lavanguardia.com: “Cómo hacerse millonario en dos meses: El estratega digital Trevor Chapman presume de conocer los secretos de la venta en Internet y aplicarlos con éxito en negocios diferentes cada 60 días”. ¡Imposible sintetizar mejor el acierto de las hipótesis de Larry Summers!

En suma, iniciativas de corto recorrido, basadas en la invasión sorpresiva de un mercado o en la invención de un producto efímero o que no es tal, y que muy rápidamente apelan a los recursos más directos y simples: financiación barata, sobreexplotación del trabajo y minimización de la carga fiscal. Se puede decir que estamos ante un desfile de burbujas que prolongan la agonía del sistema pero no anuncian momentos mejores en el futuro ni, desde luego, representan una apuesta positiva frente a la crisis.

Finalmente, todo este modelo económico es coherente en sí mismo: las piezas van encajando sin desorden interno. Lo malo es que para el conjunto del sistema social esto implica tal acumulación de contradicciones que nadie puede asegurar una trayectoria pacífica y es cada vez más claro que solo se puede mantener el paso mediante la imposición de un nuevo modelo sociopolítico, que como mínimo necesita dos ingredientes básicos: afianzamiento de la exclusión social, como expresión máxima del avance de las desigualdades, y reducción drástica del ejercicio democrático, a fin de mantener los equilibrios entre la sobreexplotación del trabajo y la pervivencia de los privilegios de quienes se sitúan en el 1% de los afortunados.

No hace falta decirlo, todo esto remite al poder político: el que necesitan mantener quienes disfrutan de esos privilegios frente al que necesitan alcanzar quienes pretenden reequilibrar socialmente el reparto de la riqueza.

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Jacinto Vaello es economista, colaborador del Banco Mundial, del Banco  Europeo de Inversiones y de consultoras internacionales.

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