De Sierra Maestra a La Habana

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kaosenlared, 2 de febrero de 2018.

No cabe duda de que el bermeotarra Kepa Bilbao es un currante de tomo y lomo; quede también aclarado que no basta con currar sino que el que curra ha de estar también dotado de puntería; es el caso. Si anteriormente ya había publicado algunas obras sobre Marx, sobre el nacionalismo, la modernidad o el capitalismo ahora nos entrega su documentada visita crítica a La revolución cubana (1952-1976). Una mirada crítica, publicada por Gakoa; el libro es de gran interés y ello tanto por el seguimiento detallado que hace del desarrollo de las luchas en la isla caribeña como por el señalamiento de algunos puntos ensombrecedores de las luces con que habitualmente se habla del asunto.

Es habitual, ya desde que se dieron los hechos de la toma del poder por parte de los guerrilleros, escuchar o leer descalificaciones sin cuento a la acción de Fidel Castro y los suyos; frente a tal visión negadora de cualquier valor al vuelco con pretensiones transformadoras que se dieron en Cuba, suele darse por parte de cierta izquierda un llamamiento a cerrar filas frente al enemigo (yanki, capitalista, etc., etc., etc.), dejando ver que todo lo realizado en la isla ha sido oro de ley, rebelde. Esta postura conduce a una defensa ciega de la revolución castrista y sus logros, y a un ataque a cualquiera que ose criticar algunas flagrantes actuaciones llevadas a cabo por los gobernantes del lugar. Hay otras posturas más equilibradas que habiendo mirado, en el momento de la revolución y sus cambios iniciales, tal impulso de transformación con abierta simpatía han ido cambiando de opinión en la medida en que ciertas medidas que se iban adoptando parecían cerrar las puertas a los aires de libertad que al principio se anunciaban. Podría situarse la mirada de Bilbao, ajustando lo que haya de ajustarse, a este último conjunto.

La época abarcada por el estudio queda delimitada entre 1952 y 1976, lo cual no quita para que se visiten fechas anteriores, y para dar perspectiva acerca de lo que luego llegó, al igual que fechas posteriores que alargan las sombras de lo que ya en la fecha final de las señaladas, en la que se dio a luz una constitución cantidad de veces postergada, las fechas posteriores a las que se alude completan algunos retoques que se realizaron de la carta magna nombrada.

La travesía es realizada en tres etapas, conste que todas ellas escritas con rigor y con sobrada documentación (el acopio de citas de obras de historiadores cubanos, de muchos protagonistas, en el interior o en el exilio, y de otros lares, a lo que se han de sumar las cifras sobre el desarrollo económico y los frenazos, es de importancia y denota la amplísima información manejada por Bilbao): la insurrección, la revolución y el debate cultural, sin olvidar el jugoso epílogo con que se cierra la obra.

La andadura se inicia con algunas pinceladas sobre la constitución republicana de 1940, que se vio truncada por la dictadura de Fulgencio Batista, en 1952, y posteriormente por la huida de este tras las diferentes formas de oposición a su brutal régimen que le empujaron a abandonar el poder. El escenario de las fuerzas que lucharon en contra de la dictadura es expuesto con precisión: el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) y el Partido del Pueblo Cubano u Ortodoxo, y algunos otros de menor implantación, se disputaban la influencia entre los ciudadanos. Vemos las diferentes confrontaciones electorales y podemos conocer los movimientos sinuosos y oportunistas de Batista, tras su repliegue estadounidense, que pareció darle fuerza para hacerse con el poder por medio de un golpe de estado y el posterior reguero de muertes y represión. Asistimos al asalto al cuartel Moncada, en Santiago, por parte de los hermanos Castro y algunos amigos más. Detenidos, fueron juzgados en octubre de 1953, momento en el que el futuro jefe de Estado pronunciaría su celebre La Historia me absolverá. Seguimos el periplo con la presentación del Movimiento 26 de Julio –heredero de quienes asaltaron al cuartel nombrado- y otras fuerzas que colaboraron con este en el avance del impulso revolucionario: el Directorio Revolucionario y el Partido Socialista Popular, siglas bajo la que luchaban los comunistas.

Iniciada la lucha armada se dieron importantes desacuerdos entre la Sierra y los del Llano, en torno al reparto de responsabilidades que debían darse en el seno del movimiento ante la creciente fuerza e implantación de los guerrilleros de la sierra, discrepancias que también se traducían en las diferentes visiones con respecto al modelo a seguir (plasmadas en las discusiones entre el Che, defensor de la vía soviética y considerando al Movimiento 26 de julio como fuerza burguesa, y René Ramos Latour que se mantenía más en los límites de la lucha anti-imperialista y la senda de José Martí). Se dieron algunos pactos con el fin de aunar fuerzas contra la dictadura, como el suscrito en Miami por los representantes del Llano, con el que Fidel mostró su desacuerdo, y mas tarde , en 1958, el Pacto de Caracas suscrito por el Movimiento 26 de Julio, la Organización Auténtica, el Directorio Revolucionario , la Unidad Obrera y otra serie de fuerzas, que se unían en torno a un programa que contemplaba como objetivo el derrocamiento de la dictadura, la creación de un gobierno provisional que preparase el camino para unas elecciones y una reposición constitucional, y la petición de responsabilidades a los implicados con la dictadura… junto a algunas otras propuestas y alguna solicitud, en concreto, a EEUU para que cesase en su ayuda al dictador.

El 1 de enero de 1959 entraba en La Habana la primera columna rebelde. Nombrado el premier gobierno, no sin disensiones entre las fuerzas en presencia, se aceptaba como principio la Constitución de 1940, únicamente sobre el papel y de manera efímera ya que al poco desaparecieron algunos puntos sustanciales (suspensión del habeas corpus, instauración de la pena de muerte…). Poco duró igualmente la promesa de celebración en un plazo relativamente corto de elecciones generales. El color de la revolución era el verde olivo (del uniforme guerrillero), dando a entender que la revolución no era ni roja, ni burguesa…Se ha de añadir a esta indefinición (que algunos situaban en la órbita de un humanismo fundido con un nacionalismo inspirado en Martí) el peso y la influencia personal que había adquirido Fidel Castro, que concitaba la simpatía del pueblo cubano. En mayo de 1959, Fidel aclaraba su concepción de la revolución: «ni capitalista ni comunista… El capitalismo que hambrea al pueblo, y el comunismo que resuelve el problema económico pero suprime libertades […] Nuestra revolución no es roja, sino verde oliva, el color del ejército rebelde que surgió del corazón de Sierra Maestra ». Esta ambigüedad supuso para no pocos una simpatía sin cuento ya que parecía abrir una nueva vía para la emancipación; no obstante, el color señalado parece que fue al menos para la visión de observadores y de muchos de los protagonistas el color melón (verde por fuera, rojo por dentro), para dar a entender la cada vez mayor presencia de los comunistas en las labores de mando.

Esta creciente presencia y dominio, además de algunas medidas tanto económicas como políticas originaron un amplio descontento, ya que la lucha en contra de una potencia imperialista, EEUU, estaba suponiendo entregarse a los brazos de otra, la URSS. Estas diferencias supuso que algunos, con el apoyo de la CIA, optasen por la oposición violenta que se plasmaba en sabotajes o en intentos de frustrados desembarcos de gente armada (Bahía Cochinos), si bien otros mostraban su desacuerdo desde otras posiciones auténticamente honestas, que al final en una puesta en práctica de que quien no esté conmigo está contra mí, eran convertidas por el poder amalgamador en traición, dar armas al enemigo y la consabida retahíla de descalificaciones. Se comenzaron a dar, al profundizarse esta desaparición de matices, ciertas marginaciones y sus consecuentes negación de libertades (religiones, homosexuales, artistas, y sectores profesionales y de clases medias que sufrieron la represión), misteriosas desapariciones (¿ dónde está Camilo Cienfuegos?), etc. Es de destacar el apartado que el libro dedica a los aspectos económicos, en los años 1963 y 1964, y las distintas líneas que se oponían en tal terreno; debate entre modelos que se traducía en propuestas de planificación, de centralización, el recurso a incentivos materiales o morales, etc.); destacan en este terreno el protagonismo del Che, que como ministro del ramo, ponía en el centro de interés el objetivo de avanzar hacia la creación de un hombre nuevo, al mismo tiempo que sus posiciones se alejaban de la URSS (más si cabe tras la crisis de los misiles y la marcha atrás de Kruschev), al considerar que sus préstamos seguían la misma onda que inspiraba al imperialismo, etc. No cabe duda de que la centralización de las decisiones económicas desembocaban en un alejamiento de los trabajadores al no tener en cuenta sus preocupaciones e intereses, en la negativa a cualquier forma de libertad de discusión, etc.: camino directo al asentamiento de un régimen centralista , autoritario y burocrático.

Las páginas dedicadas al Che Guevara y sus diferencias con el asentamiento del régimen y la pérdida del espíritu rebelde, que le empujaron a abandonar el gobierno e iniciar su periplo africano, y más tarde, al final boliviano (con paradas en Praga y La Habana, entre otros descansos), con el fin de crear varios Vietnams, postura que se plasmó en el denominado guevarismo o foquismo, que jugó su influencia en diferentes guerrillas de la zona. El aislamiento y bloqueo de la isla por parte, por supuesto, de los USA, y por los países de la OEA, hizo que Fidel se viese atacado por un impulso ultra-revolucionario, con sus tintes stajanovistas, plasmado en el llamamiento a la zafra de los diez millones, que centrando el trabajo, movilizando a diferentes sectores en dicha labor desatendió otros sectores de la producción, lo que provocó no pocos desastres y ruinas en estos. Estos desbarajustes de previsión voluntaristas no quitan para señalar que en el terreno social los logros de la revolución fueron de crucial importancia: indiscutibles avances en salud, educación y vivienda… con resultados como el alargamiento de la esperanza de vida, la reducción de la tasa de mortalidad infantil, la disminución del analfabetismo, el aumento de servicios públicos y servicios sociales…

El siguiente paso está dedicado al debate cultural que dicho en román paladino se tradujo en la negación del debate precisamente. La imposición de la censura se convirtió en moneda corriente y cualquier alegría era considerada, amen de frivolidad, una carencia de espíritu revolucionario que favorecía al enemigo. Películas prohibidas, escritores marginados (Guillermo Cabrera Infante, Néstor Almendros, Heberto Padilla…), y la imposición de la máxima pronunciada por Fidel: dentro de la revolución, todo; contra la revolución ningún derecho… lo que condujo a detenciones, juicios, exilio, y al aumento de sectores perseguidos: homosexuales, lumpens, vagos, rockeros, “elvisprelianos”, “pitusas”, burgueses y contrarrevolucionarios, muchos de ellos encerrados en campos de reeducación cuya finalidad era, según contaban, hacerlos hombres. La aberrante persecución del escritor Reinaldo Arenas y otros juicios-farsa supusieron que el descontento y el desánimo con respecto a dicha revolución caribeña alcanzase cotas realmente altas.

El epílogo no tiene desperdicio, y expone aspectos criticables de la política cubana, algunos ya asoman a lo largo del libro: la imposición de una minoría sobre la mayoría sin tener en cuenta los intereses ni las opiniones de ésta (socialismo para el pueblo pero sin el pueblo), la anulación de la necesaria pluralidad de voces que se traduce en la verdad monopolizada por el partido, por su comité central y, en definitiva, por su secretario general; y las consiguientes purgas, cárcel o fusilamiento para los que mostraban el más mínimo desacuerdo con la línea oficial (no distinción entre las contradicciones con el enemigo y las existentes en el seno del pueblo, que decía y no cumplía el otro). Aspectos que, aumentados por la ayuda-trampa de los soviéticos (y digo ayuda-trampa, ya que el precio de la ayuda se convirtió en servidumbre ideológica y en la creación de una economía hipotecada y dependiente) y por el modelo leninista de partido de vanguardia –adoptado sobre la marcha– que al final éste se convierte en el mismo Estado todopoderoso… por el bien del pueblo, y éste sin enterarse… ¡ay!

Dos frases, lecciones, que se pueden extraer de la lectura, para concluir:

1) «La historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa» (Karl Marx).

2) «Libertad sin socialismo es privilegio e injusticia; Socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad» (Mijaíl Bakunin).

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