Falsos profetas en tiempos de coronavirus

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El País, 6 de junio de 2020.

 

Ha entrado en escena un movimiento confuso y peligroso de esotéricos,
neonacionalistas, antivacunas y dogmáticos de la conspiración. El miedo
que alegan es una coartada para la agresión y el resentimiento.

 

En estos tiempos de pandemia, el miedo se nos ha deslizado a todos bajo la piel. Miedo a
enfermar, a perder a un ser querido, a morir solo o tener que dejar solo a alguien, a perder el
trabajo, a la ruina financiera, al aislamiento social, a la soledad, y no menos miedo a que las
propias fuerzas no basten para superar la crisis.

Todos estos temores tienen un motivo. Todos retienen como parámetro de referencia algo
que nos es común: la realidad. Se remiten a la realidad objetiva de una pandemia que todo
lo abarca. El fundamento de todos ellos es lo que se puede conocer (como siempre, de
manera fragmentaria) sobre el virus y la manera en que asola regiones enteras. Toman nota
de los informes de las unidades de cuidados intensivos de Madrid o Manaos, Nueva
Orleans o Nueva Delhi. También de las cifras de desempleados, de las quiebras, del
descenso de las ventas, de los pronósticos de recesión. Todos se pueden cuestionar:
reaccionan a lo que vamos aprendiendo, a los conocimientos que se consideran seguros y a
los errores que se dan por probados. A veces, la información adicional contribuye a reforzar
un temor; otras, a disiparlo.

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