La literatura puede hacernos mejores

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(The New York Times, 3 de marzo de 2019).

 

NUEVA YORK — Uno de los clásicos memorables de mi infancia es Corazón de
Edmundo de Amicis, un autor decimonónico ya olvidado. El episodio del libro que tuvo
más impacto contaba cómo un niño genovés salía de su país en busca de su madre,
quien trabajaba en la Argentina. Recuerdo haber llorado y haberme preguntado si yo
sería capaz de tan arriesgada aventura.

No lo sabía entonces, pero ese libro me inició en el aprendizaje de la empatía. Mi
educación en adentrarme en las vidas de los otros continuó después con lecturas más
complejas, de la mano de personajes como Jane Eyre y Ana Karenina, de Robinson
Crusoe, don Quijote de la Mancha y de los sufridos héroes de Charles Dickens. Estos
personajes me ayudaron —a mí y a una comunidad enorme de lectores— a entender con
más profundidad el sufrimiento ajeno y también a hacer más tangibles sus momentos de
alegría.

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