La vida no debería doler tanto a tantos

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El País, 14 de noviembre de 2021.

 

Vivimos una época de malestar difuso y generalizado, de incertidumbre y ausencia de horizonte. Nunca como hasta ahora hemos tenido a nuestra disposición tantas series y películas y sin embargo es imposible encontrar en ninguna de las contemporáneas alguna en la que el futuro sea representado como mejor que el presente: más justo, más armónico, más tranquilo, más verde, más feliz. En todas el futuro es una radicalización de los rasgos más brutales del presente: autoritarismo, destrucción del planeta, desigualdad, desasosiego. Esto no siempre ha sido así, pero las películas que veíamos de ciencia ficción cuando éramos pequeños hoy nos parecen ingenuas, como si la esperanza se hubiese convertido en un sentimiento naive. Que hoy seamos incapaces de imaginar futuros mejores, de creérnoslos, es sin duda uno de los rasgos que mejor definen nuestro tiempo. Es imposible pensar que algo así no tenga consecuencias profundas sobre cómo estamos.

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