Destino, 1996, pp. 460-486.
«Sacristán era un hombre que tenía una pasión política indiscutible que le acompañó siempre, desde muy joven. Era un hombre que se portaba bien sin necesidad de escribir tratados de Ética. Su coherencia como persona era tal que obligaba a los demás a pensar dos veces lo que iban a hacer antes de hacerlo.»
Con Joaquim Sempere, has sido uno de los primeros discípulos de Manuel Sacristán. Discípulo y, desde luego, amigo, gran amigo. ¿Cómo os conocisteis? Tengo entendido que fuiste a verle con una «recomendación» bajo el brazo.
Conocí a Manolo Sacristán a comienzos del curso 62-63. Fue en la Facultad de Económicas, en Pedralbes. Asistí a una de sus clases de «Fundamentos de Filosofía». Explicaba Lógica. El aula estaba llenísima y los estudiantes seguían sus explicaciones con mucha atención. Por entonces la filosofía era una asignatura obligatoria en la carrera de Económicas. Filosofía e Historia del pensamiento económico tenían mucho peso en la formación del economista. Se suponía que el economista teórico debía combinar conocimientos técnicos, científicos y humanísticos. Los tiempos han cambiado mucho.