|
Frodo
Horizontes cercanos
(Hika, 158zka. 2004ko iraila)
Es, seguramente, una de las numerosas paradojas, algunas más graciosas y otras menos, de la vida política vasca: todo nuestro mundo político aparece lleno de hondas y trascendentes preocupaciones sobre el futuro del pueblo vasco o (según quien lo diga) de la sociedad vasca, sobre las bases en las que asentar su convivencia pacífica o sobre el tipo de relaciones que deben establecerse entre Euskadi y el resto del Estado español o con la Unión Europea. Por citar solo algunos aspectos concretos de esas preocupaciones. Uno tiende a pensar que, en realidad, todas estas hondas preocupaciones (sin ser ajenas, por supuesto, a las conciencias de nuestro mundo político oficial) constituyen en todo caso un telón de fondo bastante lejano delante del cual se mueven, un grueso cañamazo sobre el que se tejen y destejen las puntadas de su diario quehacer. Pero que en este tejer y destejer concreto y cotidiano las motivaciones que los impulsan guardan una muy relación muy somera y aproximativa con el cañamazo de fondo.
Lo inmediato, lo urgente, la presión del día a día suele marcar más la dirección de las puntadas cotidianas que la trama de fondo sobre la que cada cual dice tejer su acción política. Y la fuente de casi todas esas demandas emanadas del corto plazo no es otra que las conveniencias que se derivan de la estabilidad institucional (o justamente de lo contrario, de favorecer la inestabilidad del contrario) lo que conduce inevitablemente a las confrontaciones electorales más inminentes y significativas desde el punto de vista de esa estabilidad o inestabilidad.
Es decir, aquí y ahora, conduce inevitablemente a las próximas elecciones autonómicas de la primavera que viene. Si es que Ibarretxe no decide adelantarlas a finales de este otoño. Cosa que no parece probable pero que, quizá, no haya que descartar del todo aunque le celebración del referéndum sobre la Unión Europea en febrero pone las cosas legalmente complicadas.
LA LARGA SOMBRA DEL PASADO. No conviene, sin embargo, menospreciar el susodicho cañamazo de fondo ya que, en ocasiones, y seguramente nos encontremos hoy en una de ésas ocasiones, tienen una influencia real en los comportamientos de los partidos políticos potenciando determinadas líneas de actuación que no se explicarían sólo en función de la racionalidad institucional y electoral.
Porque es obvio que la intensa y ruda exasperación política que ha reinado en la vida política vasca estos últimos años ha dejado unos desgarros no pequeños en el dichoso cañamazo de fondo de casi todos los partidos vascos. Y también es obvio que la responsabilidad de esos desgarros está tan repartida que todo el mundo tiene causas pendientes con todo el mundo lo que enrarece bastante lo que podría ser, en teoría, un clima político normalizado por recurrir a uno de los lugares comunes más frecuentados. ¿Pueden los partidos llamados constitucionalistas olvidar de la noche a la mañana la incalificable persecución que han sufrido (y que siguen sufriendo todavía) por parte de ETA frente a la cual el grueso de las corrientes llamadas soberanistas han demostrado una sensibilidad que difícilmente puede calificarse de efusiva y cálida sino más bien de todo lo contrario? ¿Tampoco se va a olvidar fácilmente el burdo proceso de casi criminalización (la Ley de Partidos políticos se acerca mucho a este punto por no hablar ya de las tantas incendiarias soflamas mediáticas) que sufrieron los partidos soberanistas acusados desde el partido Popular y sus entornos, con la aprobación tácita o explicita del PSOE, de colaboradores y encubridores, sino de cómplices de ETA? ¿O cómo perder de vista la dura política represiva sobre amplios sectores de la izquierda abertzale practicada por los gobiernos del Partido Popular y por amplios sectores de la judicatura que ni distinguieron suficientemente lo que es ETA de lo que no es ETA (aunque comparta con dicha organización no pocos puntos de vista) ni, tampoco, lo que es una política democrática, humanitaria y proporcionada de represión del terrorismo de lo que es una política de cruel castigo (ilegal muchas veces como el los casos de torturas de detenidos y presos), desmesurada y contraria muchas veces a los derechos humanos?
Por no hablar ya de fenómenos todavía más lejanos, algunos de los cuales fueron forjados durante la transición y que los cambios posteriores no han hecho desaparecer, como son los derivados de la lógica nacionalista española que tan profundamente tiñe todo nuestro ordenamiento constitucional y buena parte del aparato del Estado que coloca al nacionalismo vasco y al resto de los nacionalismos no españoles en una situación de desventaja constitucional, legal y de facto en muchas esferas de la vida política por más que tampoco los coloquen en una situación agónica ni mucho menos. Pero sí en una situación desigual. Y esto sigue siendo una asignatura pendiente que, al margen de las consecuencias prácticas que en cada momento se desprenda de ella, sería del todo justo y razonable poner fin alguna vez. Mejor antes que después.
O de las tendencias al revanchismo nacional a veces latente, a veces expreso que manifiesta demasiadas veces el nacionalismo vasco al tratar a lo español con un menosprecio digno de mejor causa.
FRONTERAS MOVEDIZAS. ¿Cuanto pesan estos desgarrones, algunos bastante profundos sin duda, en los comportamientos de nuestros paridos políticos? Es difícil de valorarlo en abstracto ya que se manifiestan en un contexto político caracterizado por una situación electoral en la que casi todas las fuerzas aspiran a conquistar un pedazo más o menos grande de los territorios electorales próximos lo que propicia el camaleonismo político cuando no la simple caricatura. Por poner un ejemplo ¿el llamado Plan Ibarretxe responde a los problemas de desigualdad nacional apuntados, a la política de acoso y derribo practicada por el Partido Popular contra el Gobierno Vasco cuando estaba en el gobierno y a la conveniencia de defenderse frente a ella o a la voluntad del PNV de medrar electoralmente a costa de la izquierda abertzale aprovechando, además, la situación de ilegalidad en la que se encuentra buena parte de ella? Seguramente habrá de todo como en botica. Pero, sin duda, el pressing a la izquierda abertzale constituye uno de sus motores fundamentales. Lo difuso de las fronteras entre el PNV y EA contribuye lo suyo a extremar posiciones por parte de unos y otros, los unos en la defensa del independentismo; los otros, propugnando la unidad electoral del nacionalismo vasco… Y así sucesivamente en el campo nacionalista vasco.
En el otro campo del nacionalismo los problemas son un tanto distintos y todo parece indicar que el PSE-EE ha perdido, al menos en parte, su gran enfeudamiento con el PP ganando en libertad de movimientos. Sin embargo, el PSOE mantiene muchas de las viejas dependencias con el Partido Popular lo que limita grandemente esa libertad tanto en Euskadi como, todavía más, en España. Tampoco aquí las expectativas son demasiado gloriosas: por ejemplo, la defensa, más matizada es cierto, de la sacrosanta unidad de la patria no parece probable que vaya a desaparecer de la política medular del PSOE.
PARTIDOS POLÍTICOS S.A. Y es que los partidos políticos, los grandes y también muchos de los pequeños, funcionan como las sociedades mercantiles en las cuales la última instancia de valoración es la cuenta de resultados. Si esta ofrece saldos suficientemente positivos, la gestión de la sociedad será juzgada positivamente y marcará un camino a seguir; si presenta número rojos, se valorara como negativa y se pedirán cabezas y cambios en la orientación.
Por eso, el criterio supremo que guía la actuación de los partidos con pretensiones institucionales es el de lograr votos, más votos. Y lo demás son paparruchas. Es cierto que para lograr votos se prometen y hasta se hacen cosas que pueden ser buenas para mucha gente. Ahí está la salida de las tropas españolas de Irak como un ejemplo bien cercano. Pero otras veces se exacerban grotescamente los problemas políticos, sociales o comunitarios para utilizarlos como arma arrojadiza contra el rival electoral. Este parece que es el horizonte político que nos espera para los próximos meses. Por lo menos, hasta las siguientes elecciones. ¡Qué le vamos a hacer!
|
|