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Iñaki Urdanibia
¿Todo es biología?
Daniel Soutullo, Biología, cultura y ética, Madrid: Talasa, 2005.
Desde los años setenta del siglo pasado la sociobiología sustituyó a la etología; el nombre de Lorenz, y epígonos ,dejó sitio a E. O.Wilson, con su célebre Sobre la naturaleza humana, y Richard Dawkins, con su no menos célebre El gen egoista. Ambas obras alcanzaron un notorio éxito, e indudablemente el motivo fundamental de tal, como queda claro tras la lectura del libro que tenemos entre manos, fue «su marcado reduccionismo -se refiere al determinismo en general-…todo parece tener una (o unas pocas) causas claras y simples que explican todos los fenómenos. En lo referente a la sociobiología humana la causa de la conducta individual y social de los seres humanos estaría situada en la acción de los genes, sometidos a la acción de la selección natural».
El profesor gallego avanza con rigor y con vigor, usando los textos de quienes van a ser el objeto de su crítica para evitar cualquier malentendido, o tendencia a pensar que el crítico saca de contexto, o tergiversa -al mutilarlas- las citas, especialmente de Wilson. Y las citas in extenso recurren a los primeros textos publicados por tal sociobiólogo y a sus posteriores en los que trataba de responder a las críticas a que los había sometido y matizar sus posturas que indudablemente habían sido utilizadas por quienes pretendían, pretenden y pretenderán establecer diferencias sociales, culturales y morales, tratando de basarlas en insalvables diferencias genéticas; si bien como queda demostrado- por activa y por pasiva- las posturas a pesar de los retoques y maquillajes siguen adoleciendo del mismo espíritu reduccionista, simplificador y amalgamador.
La clarificadora obra, comienza con un pequeño retrato histórico que va desde Galton, primo de Darwin, Mendel y algunos otros cuyas posturas, partiendo de las de los anteriores, vienen a reforzar , como que de algo natural y en consecuencia inesquivable, se tratara las diferencias de color (ellos hablarán de razas), o de clases sociales. ¿Por qué no? Podría caerse en la tentación de echar al cubo de la basura todas las doctrinas estas y muy concretamente las de Wilson y compañía sin más, ya que sus posturas se prestan, sin manipulación alguna, a establecer ciudadanos de primera y de segunda, manteniendo de tal modo una especie de justificación de la situación social que no haría más que confirmar lo que la propia naturaleza ha designado en su comportamiento.; tal riesgo descalificador lo evita Soutullo ya que tal modo de actuar no respondería en absoluto a ningún criterio científico, o riguroso. Tras el repaso histórico señalado, pasa el autor a exponer lo esencial de las posturas sociobiológicas (demasiado para el cuerpo, y para la mente, resultan algunas afirmaciones que fundamentan la religión como necesidad natural, ciertas hipótesis sobre el origen de la homosexualidad, o las bases de la guerra, la xenofobia o el racismo, pretendida consecuencia directa de los genes). A partir de ahí, el autor embiste, con todo su bagaje, al ataque de las simplificaciones amalgamadoras de los sociobiólogos…y desmonta algunas de las utilizaciones indebidas de conceptos de la biología que son las que llevan al reduccionismo denunciado (la biología puesta al alcance de los legos: genotipo y fenotipo, selección natural social e individual, … para finalizar entrando en los aspectos referidos a la antropología, al ambiente, a la cultura y la ética…para subrayar la absoluta incorrección de los intentos de biologizarlo todo, buscando una determinación causal en uno solo de los aspectos que componen el ser humano. Vamos que resulta, tras la exploración de Soutullo, imposible ignorar que «la mente no solamente está determinada por los genes a través de reglas epigenéticas, sino que lo está también por diversos factores ambientales, entre los cuales los de naturaleza cultural resultan muy importantes»…¡Pues eso! ¡Una lección magistral!
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