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Jesús Urra (Batzarre)
Nafarroa-BAI y el cambio:
las alianzas para el cambio
En artículos anteriores hacía referencia al sentido principal de NA-BAI un movimiento social por el cambio desde las instituciones- y a la necesidad de diseñar unos ejes potentes de cambio para Navarra. Para lo cual es necesario desarrollar las potencialidades de la sociedad de izquierdas y despertar sus mejores ambiciones. Hoy me centraré en la que considero herramienta básica para lograr esos propósitos: una alianza postelectoral del conjunto de fuerzas de izquierda y progresistas de Navarra, sin ninguna exclusión, cuyo motor central en este momento a tenor de los últimos resultados electorales lo constituyen PSN y NA-BAI. A estas fuerzas les corresponde crear una cultura de entendimiento por el cambio en la sociedad navarra que fructifique en un gran acuerdo que siente las bases para una Navarra integrada y sin exclusiones, socialmente avanzada, solidaria con las personas más necesitadas, progresista... Planteo recuperar la colaboración habida en la lucha contra la dictadura y por la libertad; es decir en un momento cumbre de transformación.
¿Por qué es necesario abrir una perspectiva de estas características y dar un giro tan drástico a las relaciones entre vasquistas y socialistas? Empezaré en primer lugar por las razones que empujan a una alianza institucional. El mapa político-electoral de Navarra machaconamente repetido se estructura en tres grandes bloques: la derecha, el bloque socialista y un tercer bloque heterogéneo de izquierdas abertzales o vasquistas enraizado en la tradición antifranquista y social. PSN y NA-BAI en tanto que fuerzas más representativas del segundo y tercer bloque se necesitan mutuamente para emprender las reformas a que aspiran unos y otros. Los datos institucionales son inapelables: ninguno de estos dos bloques puede llevarlas a cabo por su cuenta. Ahora bien, este planteamiento alberga problemas serios como venimos percibiendo en otras latitudes: el agudo enfrentamiento habido en el pasado y en el presente entre ambos bloques, las diferencias reales, las desconfianzas mutuas... Pero, pese a estas dificultades reales, es imprescindible llegar a un acuerdo institucional entre estas fuerzas (al resto de las izquierdas) para encarar los cambios de envergadura, además de conformar fuerza social y estados de opinión pública potentes en su favor. Los acuerdos planteados son post-electorales. Se descarta una agrupación electoral con el PSN que ni es posible ni es conveniente. Cuando postulo en otros escritos una NA-BAI más mestiza pienso en las izquierdas vasquistas o abertzales y en una parte del navarrismo de izquierdas, situadas a la izquierda del PSN. Ambos planteamientos son compatibles y complementarios.
A ello agregaría, en segundo lugar, la conveniencia de una alianza de carácter social. Se trata de romper la separación habida entre ambos bloques sociales en las últimas décadas, de deshacer desconfianzas e inercias negativas. Una iniciativa útil en sí misma y para la colaboración desde la esfera social sería elaborar propuestas programáticas sobre algunos grandes temas, realizadas conjuntamente por gentes de diversas sensibilidades, por personas de organizaciones sociales, del ámbito académico, expertos... Y en el caso de prosperar iniciativas de este tipo servirían para aunar esfuerzos entre las diferentes izquierdas, para estimular las reformas de envergadura en la sociedad.
En tercer lugar, por su especial trascendencia en la actualidad se precisa también esta alianza para impulsar un proyecto integrador de las diferentes identidades existentes en Navarra. Un acuerdo que no excluya a nadie y que obligue a aceptar un nuevo rumbo integrador a las fuerzas partidarias del enfrentamiento inter-identitario de ambos bandos. La alianza entre PSN y NA-BAI debería ser el motor principal para el gran acuerdo de Navarra en esta materia. Lo cual requiere una rectificación a fondo de unos y otros en pos de una cultura pública pluralista.
Haría falta otro rumbo del navarrismo con valores más integradores: más respetuoso y tolerante con la identidad y sensibilidad vasquista, más favorable al euskara, más abierto a los símbolos vasquistas o a unos órganos de colaboración con los otros países vasco-navarros, más respetuoso asimismo hacia quienes poseemos una identidad vasco-navarra. El navarrismo de izquierdas o dialogante encarnado en fuerzas como PSN y CDN o, desde una posición diferente, por IU, debería reflexionar a mi juicio acerca de la conveniencia de impulsar un plan de estas características para lograr un buen pacto de convivencia, de modo que encabezara una línea expresamente diferente de la que representan los sectores más retrógrados y actualmente hegemónicos en UPN.
Es necesario igualmente otro rumbo del vasquismo navarro en claves integradoras: respetuoso con la identidad Navarra, que rompa con la intolerancia hacia quienes desean mantener un lazo común estatal y una identidad navarro-española, haciendo compatible lo navarro y lo vasco. Con un talante más realista y más humilde, ya que hemos de defender esta opción desde nuestra actual situación de minoría y ya que hemos de actuar en un espacio (la Comunidad Foral) ampliamente legitimado por la mayoría de la población. También a las personas vasquistas nos interesa poner nuestro grano de arena al servicio de una buena convivencia de identidades: por coherencia con nuestros valores y por calidad de vida: si se opta por la vía del enfrentamiento entre sensibilidades nacionales diferentes, nuestra experiencia o la de otros países nos indican que el resultado es muy negativo. Esta perspectiva de buena convivencia entre vasquistas y navarristas dialogantes no implica la ausencia de conflictos derivados de proyectos diferentes; pero sí muestra la voluntad de atemperarlos y de no erigir en bien supremo la guerra de identidades. Cuestión y problema distintos son el justo conflicto social derivado de las desigualdades sociales, cuyo razonamiento ahora no desarrollo.
Finalmente, es necesario que ambas izquierdas aboguen por una vía enteramente navarra. Nuestra comunidad posee una estructura política y social de partidos, de sindicatos, de organizaciones sociales diferente y especifica. Sería un error no tener en cuenta esto. Al mismo tiempo el proyecto europeo permitirá unas nuevas relaciones más flexibles y multilaterales para comunidades pluriculturales.
Para esto es fundamental una NA-BAI impregnada de arriba abajo por un concepto, unas vías, un programa, una visión, unos liderazgos navarros. El abertzalismo o vasquismo navarro ha estado muy condicionado en los años 20 y 30 del siglo pasado por el bizkaitarrismo y en los años 80 y 90 por el guipuzcoanismo. Esta vía navarra es más eficaz que la vía de una unificación intensa, hoy imposible, para el fortalecimiento de las opciones vasquistas navarras y para la aproximación con la CAV.
Igualmente, se requiere un PSN que revise seriamente su proyecto de España, hoy por hoy excesivamente condicionado por unas tendencias poco sensibles e inadecuadas a la realidad vasco-navarra.
Esta perspectiva navarra no se opone a la colaboración que fuerzas socialistas o del nacionalismo-vasco quieran desarrollar en otras partes de Euskadi o del Estado español. Pero la vía navarra no debe estar subordinada a las otras realidades sea cual sea su color nacional. Lo central en Navarra es y tiene que ser la sociedad navarra.
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