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Joseba Arregi
Cosmovisión y punto de vista
(El Correo, 16 de julio de 2004)
En una noticia de prensa publicada hace unos pocos días se hablaba de la presentación de un currículum para las escuelas vascas en el que se fijaba lo que es la cultura vasca, lo que bajo ese concepto deben aprender los alumnos vascos. Y en ese contexto se hablaba de que cada pueblo tiene su cosmovisión.
En un artículo de prensa nacional publicado también hace unos pocos días se podía leer que existe un punto de vista catalán de ver las cosas. Y se añadía que dentro del punto de vista catalán podían existir diferentes formas de concebir, por ejemplo, la política social, pero siempre dentro de la irremplazable visión catalana. La diferencia de visiones sólo se aplica después de proclamar la necesidad del punto de vista catalán.
No cabe la menor duda de que existe un punto de vista catalán. Tampoco, quizá, se puede poner en duda que exista algo así como la cosmovisión vasca, aunque esto último parece más problemático. Pero lo que sí es problemático del todo es la negación de la pluralidad interna en cada una de las afirmaciones. ¿Existe sólo una cosmovisión vasca? ¿Existe sólo un punto de vista catalán y es éste necesario, irremediable, irremplazable?
El ser humano es un ser corpóreo. No es ningún ángel, no es espíritu puro, no posee el don de la ubicuidad: todo lo que conoce está sujeto al 'a priori' corporal, está sujeto al aquí y al ahora. Siempre está condicionado. Por eso todo su conocimiento -incluido el diálogo- es limitado y condicionado. Bien cierto.
Pero el ser humano no está sujeto a un trozo de tierra como lo está una planta, como lo está un árbol. Se mueve. Y en su movimiento tampoco está sujeto a un nicho ecológico predeterminado, fuera del cual le es imposible sobrevivir. Por eso el ser humano tiene mundo, no es meramente mundo, como lo son los animales que forman parte del nicho ecológico al que pertenecen. Y con el movimiento viene algo parecido a la libertad: no estar predeterminado, ni por la naturaleza ni por la cultura. Sí condicionado y limitado, no predeterminado.
Por eso aunque cada ser humano nazca a una cultura, a una lengua, a una tradición, no está abocado a permanecer siempre encerrado en ella. Nacer a una lengua, a una cultura, a una tradición significa adquirir la capacidad de abrirse a otras lenguas, a otras culturas, a otras tradiciones. Si el ser humano se interesa por la historia es porque está interesado en otras formas posibles de ser, en formas distintas a la suya propia.
Y todo ello hace que la identidad sea algo fáctico, un hecho, pero no algo normativo, algo obligado. Sin identidad no existe ser humano, pero la identidad puede variar, diferenciarse, enriquecerse, transformarse, mezclarse, convertirse en otra cosa. Y sin esta posibilidad no es posible pensar la libertad.
Entran en la cosmovisión vasca el cristianismo, la Ilustración, el derecho romano, el racionalismo griego, o sólo en formas tan vasquizadas que los convierten en radicalmente distintos de cualquier otra forma europea? ¿Es la preocupación por la identidad, por la cosmovisión propia, por la soberanía producto endógeno de nuestra historia cerrada, o más bien participación en preocupaciones generales a la cultura que se ha ido desarrollando en Europa, y a la que generalmente hemos llegado bastante tarde?
¿Permite el punto de vista catalán que existan distintas formas de valorar el punto de vista catalán, desde estimarlo una necesidad ineludible hasta considerarlo no prioritario? ¿Puede alguien creerse con el poder de definir de forma unívoca el punto de vista catalán y la valoración a la que obliga el mismo?
La correcta afirmación de la importancia del aquí y el ahora en todo proceso de conocimiento y de pensamiento del ser humano se convierte en tremendo error si no se complementa con la afirmación de que es a su vez el punto de partida que permite ir más allá, y que probablemente lo más específicamente humano es ese transcenderse a sí mismo. Para lo cual es preciso saber cuál es el punto de partida, ser consciente del mismo.
¡Pero qué peligroso es proclamar una cosmovisión vasca, sin matices, y hablar de la necesidad irremediable del punto de vista catalán! Esos discursos siempre suponen la mutilación del ser humano. Y lo peor es que, en el caso de la cosmovisión vasca, ese discurso tiene como destinatario la educación vasca. ¡Pobre escuela!
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