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Sylvia Jaén
El triunfo de las razones LGTB.
Que no nos quiebren la sonrisa
(Disenso, 45, octubre de 2004)
Estamos a escasas semanas de vivir un acontecimiento histórico que marcará paso y abrirá fronteras a la igualdad legal no sólo en el Estado español sino en el resto del mundo y en primera instancia entre los países que nos rodean. En un momento como el actual, en que todo hecho relevante parece estar empañado por la violencia y la fuerza, uno de los movimientos más pacíficos y dialogantes de los que se enredan en la difícil realidad social verá cómo sus históricas reivindicaciones llegan al Congreso para, previsiblemente, ser aprobadas con el apoyo mayoritario de todos los partidos políticos a excepción del Partido Popular. Temo que la rapidez de los últimos acontecimientos no nos estén dejando digerir la importancia de los mismos y, lo que para mí es mucho más importante, nos relajen de tal forma que pudiera parecer que hemos llegado a nuestra meta o fin del largo trayecto.
UN LARGO RECORRIDO. De vértigo han sido estos apenas 35 años que nos separan del activismo homosexual que se hacía desde la clandestinidad y bajo el uso de seudónimos hasta las manifestaciones masivas que transcurren cada año por las calles de las principales ciudades. Me encantaría poder trasmitirles la importancia de cada uno de los pasos dados desde esos momentos para entender por qué y con casi toda probabilidad el Estado español se convertirá, en los primeros meses del 2005, en el tercer país en el mundo que reconocerá la plena igualdad de derechos entre personas homosexuales y heterosexuales, y que contemplará una de las legislaciones más comprensivas y efectivas con las personas transexuales y/o transgéneros y su particular realidad.
Contamos en este país con un gran número de asociaciones lgtb que en el ámbito local han ido, la mayoría hace más de 10 años, explicando desde la particularidad de cada región qué es ser gay, lesbiana, bisexual, transexual y/o transgénero, ayudando así a romper los errados estereotipos que nos delimitaban.
Hemos tenido la enorme fortuna de contar con personas dentro de dos de los más importantes partidos políticos, PSOE e IU, con la valentía suficiente como para romper barreras desde dentro, forjar grupos lgtb dentro de los mismos, forzando así a entender la dimensión de las necesidades de las personas homosexuales y transexuales y/o transgénero a aquellas y aquellos que luego presentarían y defenderían las leyes en el Parlamento. Este hecho vital, logrado por personas de gran valentía y convicción democrática, a mi entender, es una de las claves que marca gran diferencia con los países que nos rodean. Creo que no hace falta haber militado en ninguna opción política para poder entender el gran esfuerzo y coraje que han tenido quienes han sido capaces de luchar contra la homofobia y las transfobia dentro de los partidos y así hacer madurar el sentido democrático de los mismos.
Somos además el único país europeo que ha sido capaz de generar una federación de colectivos lgtb, capaz de aunar a un gran número de asociaciones de todo el Estado, que con el primer objetivo de la plena igualdad legal ha sido capaz de caminar y llegar a acuerdos sobre las grandes diferencias políticas, ideológicas y especificas que compartimos. Una federación que aúna a personas de derechas, centro, izquierdas y muy izquierdas; personas católicas, judías, aconfesionales, agnósticas y ateas; personas feministas y no feministas; personas nacionalistas y no nacionalistas... una Federación tan reflejo de la sociedad como ella misma y tan capaz de llegar a consenso como para ser reconocida hoy en día como la interlocutora valida con el gobierno, los partidos de la oposición e incluso la Conferencia Episcopal en estos históricos días.
En la actualidad, hay magníficos libros que recomiendo para repasar cada uno de esos importantes avances, especialmente el escrito por Jordi Pettit incansable luchador por los derechos lgtb e inmejorable narrador en primera voz de lo que han sido estas últimas tres décadas. Además, creo que difícilmente podríamos imaginar este nuevo orden social, forjado en apenas unos 25 años, en las cuotas actuales de respeto y equidad social sin la labor y la re-educación del feminismo y el trabajo de los colectivos lgtb.
CAMBIOS EN LAS MENTALIDADES. Las últimas dos encuestas realizadas durante el 2004 por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ponen de manifiesto que casi un 70% de la población española apoya la igualdad legal y social entre homosexuales y heterosexuales. Y esto, si me lo permiten, me lleva a afirmar que no hay partido político, ni religión, ni secta, ni filia, ni fobia que dentro del respetuoso marco democrático lo pueda ignorar. Esto nos dice que dos de cada tres personas españolas apoyan la igualdad de derechos que recoge la Constitución. Nos dice que independientemente de lo que algunos se empeñen en decir en sus discursos y programas electorales la ciudadanía de derechas, de centro y de izquierda asume y ha asumido la esencia de nuestros 30 años de lucha. Que hoy en día esta sociedad nuestra mayoritariamente católica, porque así se reconoce cada vez que se le pregunta al respecto, no entiende, ni comparte, ni defiende la campaña de derribo, acoso y constante insulto que desde la jerarquía eclesiástica, y sus alrededores, se dirige a lesbianas, gays, bisexuales, transexuales y/o transgénero. Esto sobre todas las cosas nos dice, demuestra y aplaude el esfuerzo, la pasión y las altas dosis de paciencia y cordura que hemos puesto lesbianas, gays, transexuales y bisexuales en la lucha por nuestros legítimos derechos.
La igualdad legal entre toda la ciudadanía española independientemente de criterios morales, religiosos o prejuiciosos, tal y como dicta el artículo 14 de nuestra Constitución, será pronto una realidad, pero tan sólo realidad legal, hecho que no podemos olvidar. El inconsciente social y la labor educativa de siglos de hetero-patriarcado no serán borrados de la noche a la mañana con la tan ansiada equiparación en derechos y obligaciones. Nos queda por pasar, sin lugar a dudas, la labor más complicada y probablemente la más arriesgada y violenta que hayamos caminado desde los años de la represión franquista.
CONTRA EL BINOMIO PATRIARCAL. Nuestra sociedad, judeo-cristiana, es fruto de la educación patriarcal. De lo que yo llamaría el “binomio patriarcal”, que se basa en la infantil idea del bien y del mal. Dos opciones que necesariamente se enfrentan y de la cual sólo puede salir vencedora una de ellas. Así nos han educado para enfrentar el binomio hombre mujer, blanco negro, homosexual o heterosexual... y un largo etc. No es casualidad, sino más bien toda una perversión, el hecho que desde los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad se empeñen una y otra vez en intentar demostrar que la equiparación legal de la realidad homosexual llevaría al caos, aumentaría el paro, se reduciría la natalidad, arruinaría la Seguridad Social y, ¿por qué no?, perderíamos la fe. Parecen anunciarnos la llegada de una suavizada versión del Apocalipsis. Necesitan alimentar el miedo y activar la defensa del “binomio patriarcal”. Es simple, heterosexualidad buena, homosexualidad mala. Necesitan defender esta absurda y cruel escala de valores donde la diversidad no es un valor en positivo sino una realidad a temer y vencer.
Desgraciadamente, las mujeres sabemos del coste que lleva implícito la ruptura del binomio hombre mujer. De la misma forma que las personas lgtb sufrimos las consecuencias de la ruptura de nuestro particular binomio. No es casualidad el incremento de ataques violentos que la comunidad lgtb ha sufrido en estos últimos meses, como, aunque no quieran responsabilizarse de ello, tampoco lo es el que haya quienes potenciando y atemorizando a la sociedad fomentan la crisis y el miedo, y posterior reacción violenta, ante la perdida de tan anclados binomios.
Nos esperan pues tiempos difíciles. Debemos ahora re-organizar nuestras fuerzas e ideas. Aprender de la historia del movimiento feminista para no cometer los mismos errores y no frenar ahora nuestro mensaje y capacidad de acción. Debemos primero festejar pero luego no dejarnos engullir por mentes tan dadas a la simplicidad del binomio y desde la autocrítica ayudar a construir una sociedad también más igual. Una sociedad donde la diversidad sea un valor en alza y no un diablo contra el que luchar. Espero sinceramente que no dejemos que nos quiebren la sonrisa durante los próximos meses cuando sin lugar a dudas oiremos rugir a la bestia de la homofobia y la transfobia ante lo que será el logro real y legal de nuestras reivindicaciones.
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