Galde, 52, primavera de 2016.
Por diferentes razones, la fecha es en Vitoria un acontecimiento fundamental. Marca el instante final de aquel proceso de industrialización e inmigración intensiva que transformó por completo la ciudad y que la hizo tal cual ahora es.
Fue el momento en que aquella clase obrera que se había ido creando hizo su abrupta irrupción en una locali- dad que no la tenía presente. Y también fue la dramática impugnación de un primer proyecto de reforma política –el de Arias/Fraga– que pretendía hacerse desde arriba, sin contar con la mayoría y manteniendo las hechuras autoritarias de la dictadura. Los cinco muertos por disparos policiales y el centenar de heridos generaron una solidaridad que no se limitó a Vitoria. Las nuevas tres víctimas mortales –en Basauri, Tarragona y Roma– en el marco de la huelga general vasca y en las protestas consiguientes así lo corroboran.