Sobre la economía, el coronavirus, y el futuro que nos espera. Reflexiones en tiempos de confinamiento

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Abril de 2020.

 

Estos meses de confinamiento están sirviendo para oír todo tipo de opiniones sobre lo
que está ocurriendo y sobre lo que está por ocurrir. Y también para asistir –no oculto mi
perplejidad ante tanta frivolidad en el uso de las palabras– al surgimiento de algunas
expresiones novedosas como aquellas que nos hablan de gobiernos que “abren” o
“cierran” la economía de sus países, como si la economía fuera un edificio que se abre y
se cierra a voluntad de unos o de otros, y no la manera de administrar y organizar de la
manera más eficiente las actividades de la sociedad y el uso de los recursos disponibles
para ello.

En este mismo orden de cosas llama la atención la forma en que tertulianos y políticos
hablan de la necesidad de evitar que “la economía” se vea afectada en exceso por el
devenir de la pandemia o por las medidas adoptadas para contenerla. O la manera en
que, alegremente, se separan las diferentes esferas de la vida humana, llegándose a
afirmar que aunque la salud es importante, si “por proteger la salud” nos cargamos “la
economía” habremos hecho un pan con buenas tortas.

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