Nueva Tribuna, 1 de Mayo de 2026.
Muchas veces se habla de historia, de intelectuales o de compromiso público como si fueran cosas naturalmente conectadas. Y no lo son. O, mejor dicho, no siempre lo están.
Hay historiadores que investigan admirablemente sin salir jamás de su despacho académico. Hay figuras públicas que intervienen todos los días en la conversación común y, sin embargo, no añaden un gramo de inteligencia a lo que ya se dice. Hay profesores excelentes que transmiten saberes con rigor y modestia, pero no sienten la necesidad de exponerse en la plaza pública. Y hay, finalmente, casos en los que esas dimensiones sí se cruzan: el investigador, el docente, el ensayista, el polemista, el intelectual…